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25 oct. 2009

Capítulo 32

-Mira.-empezó Keira asegurándose de que nadie la oía.- Yo estoy dispuesta ayudarte. No hicimos una promesa y yo pienso cumplirla. Pero…
-Pero nuestro trato acaba aquí.- dijo Samuel mirando al suelo.- Sólo tenías que ayudarme a encontrar a Luminor, ya que sabías dónde estaba. Puedes irte.
Esas dos palabras fueron como un hachazo para Keira, sobretodo por el tono duro con el que las había empleado.
-Samuel, te pienso acompañar quieras ir.- Le dijo con voz dura. Samuel la miró con desconfianza –Siéntate, esta historia es larga.

«Nací en las afueras de la Ciudad del Miedo. Mi padre era un pobre demonio a servicio del Señor. Vivía sólo y para él, no tenía ojos ni para su hija ni su mujer, sólo para las órdenes que le daban. Pero aún así nos daba la mayor parte del dinero que conseguía. Mi madre, bueno, era una de las modistas del Señor. Una de las mejores, si no era la mejor. Tejía, cosía y remendaba todas las ropas del Señor y su familia. Él la tenía mucho aprecio. Pero entonces un día mi madre perdió la vista, así, de repente. MI madre le era inservible, y la despidió por “invalidez”. Volvió a su casa, a cuidarme en vez de dejarme en manos de las otras sirvientas del castillo. Todos la miraban mal porque era invidente. Los demonios así eran despreciados. Esto llegó hasta tal punto que mi padre terminó igual que ellos. Todos le presionaban diciéndole “mátala, mátala, es una carga, es inservible, es una mancha para tu familia…” Yo era pequeña, y no me enteraba de nada de esto. Pero un día desperté un una cama que no era la mía, y en una habitación distinta. Busqué a mi madre con la mirada, pero estaba sola en la habitación. Poco tiempo después entró mi padre. Tenía los ojos rojos y andaba encogido. Le pregunté por mi madre y él sólo dijo “se ha ido”, y salió de la habitación. No estaba dispuesta a quedarme sin mi madre, así que me escapé de allí. Descubrí que estaba en el castillo del Señor, lleno de altas y tenebrosas estatuas y antorchas que colgaban de las paredes. Salí por una puerta escondida en la muralla, por la que salimos aquel día, si recuerdas. Llegué hasta un bosque cercano, donde la estuve buscando un día entero. Me encontraron dormida junto a un árbol y me llevaron de nuevo al castillo. Pusieron una criada a mi cargo. Me preguntó por qué había huido y yo le contesté que buscaba a mi madre. “Tu madre está muerta” me dijo “Y ahora ponte este vestido. Vas a tener que hacer una visita al Señor”»

-Desde aquel día trabajé para él. Sólo tenía cinco años, y mi infancia fue muy dura. No supe nada de mi padre desde entonces pero tampoco quiero saber nada ahora. Odió a mi madre sólo porque era ciega. Es una injusticia.-dijo Keira poniendo su cara sobre las rodillas.
-Pero ¿fue tu padre el que…?- preguntó Samuel.
-Pensé durante años que él había matado a mi madre, pero no fue así. Ella…
Ella se mató.- dijo con sequedad Keira.- Y esa es mi historia. Por eso te quiero ayudar. Yo también perdí a mi madre, pero tú la puedes recuperar. Yo no.
-Entiendo.- dijo Samuel suavemente.
-Pero, lo que quería decirte es que no te puedes fiar de ellos. ¡¡Los acabas de conocer!! Y esas tres son unas embaucadoras. No te piensan ayudar, son…
-También te acababa de conocer y me fié de ti. –le dijo Samuel con una dulce sonrisa.- Y sí, puedes acompañarme.

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