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21 oct. 2009

Capítulo 31

Nathalie salió desde detrás del tronco de un árbol cercano, seguida de Caroline y Gabrielle.

Samuel y Keira las contemplaban, sin poder creer lo que veían sus ojos.
-¿Nos ha llamado, pa...? ¡Samuel!-exclamó Nathalie.
-Veo que ya os conocéis...-dijo el eiremenz.- Estás son mis hijas: Nathalie, Caroline y Gabrielle.
-¿Sus...hijas?-preguntó Keira, sin poder creerlo.
-En efecto, son musas.
-¿¡Musas!?-gritaron Keira y Samuel al unísono.
-Sí,-repitió Luminor-las musas, diosas de la inspiración.
-¿Son diosas?
Luminor asintió con la cabeza. Keira soltó una carcajada incrédula, que a Luminor no pareció ofenderle lo más mínimo, pero que hizo que Nathalie le dedicara una mirada llena de odio.
-¿Algún problema?-dijo hostilmente.
-Oh, no, por supuesto que no.
-Más respeto, los de "allí" abajo sois mucho más inferiores a los Seres del Cielo.-concluyó, sonriendo a Samuel-Samuel, por ejemplo, es muy superior a ti.
El chico fue a protestar, pero Luminor intervino.
-Ese es el problema.-dijo, con total tranquilidad.-Eres mestizo.
Todas las miradas iban de Samuel a Luminor.
-¿Soy qué?-dijo, sin atreverse a pronunciar si quiera la palabra.
-Mestizo. Eres hijo de un ángel y un demonio.
Samuel palideció de repente, no era capaz de asimilarlo: mestizo. No podía considerarse ángel, y tampoco demonio, no era nadie.
Nadie decía nada. Nathalie acababa de tragarse sus palabras, lo que habría hecho que Keira se sintiera feliz, sin embargo, el dolor era evidente en el rostro de su compañero. Estaba claro que era un duro golpe.
El joven ángel se dejó caer en un banco cercano. Keira se acercó a él.
-Creía...creía que...quería saber y resulta qué...-dijo, entre algo que parecían sollozos.
Keira le cogió la mano y se la acarició, el chico cerró los ojos, se sentía mareado.
La sangre hervía en la cabeza de Nathalie.
Para Luminor era insoportable el ambiente, la mezcla de sentimientos. Los celos de su hija, la confusión del ángel, lo que comenzaba a experimentar Keira...era abrumador.
-Bueno, mis hijas pueden detectar ánge...digo, cualquier criatura diferente a humanos.-dijo con mucho tacto.
-No estoy seguro de querer encontrarla...
-¡Eh! No puedes echarte atrás de esa forma.-dijo Keira, soltándole la mano de golpe, a Samuel le disgustó que le dijera eso tanto como que le soltara la mano.- ¡No puedes avergonzarte de quien eres! ¿Qué pensaría tu madre si te oyera decir eso?
Samuel puso morros y miró el hilo de su camiseta que tan interesante era, comenzó a juguetear con él indiferente.
-Samuel tenemos que hablar le susurró Keira.
Él asintió.
-Un segundo.-les dijo Keira a los demás, tiró de la camiseta del ángel, y se alejaron un poco.


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