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31 oct. 2009

Capítulo 33

Samuel se sentía abrumado, relativamente mal.

Estaba sentado junto a la ventana de la habitación que habían alquilado en un hostal parisino. Contemplaba un cielo sin estrellas. Mientras su mente vagaba en una especie de duermevela. Le parecía que las cosas habían cambiado demasiado, que nada era como el creía en un principio. Que su propio destino se le iba de las manos. Hace muy poco que tenía muy claro lo que iba a hacer: buscar a su madre. Pero ahora...¿qué haría cuando la encontrara? Nunca podría volver a la Ciudad de las Nubes. No volvería a ver a Michel nunca más. Le dolió profundamente este último pensamiento. Sobre todo porque ni siquiera le había dicho adiós antes de irse a ver aquel día a Hekiaziel al infierno. Si hubiera llegado a saber que todo iba a cambiar tanto, le hubiera gustado poder despedirse de su amigo.
Pero...si los ángeles tenían encerrada a Zenia (es decir, a su madre) entonces ¿estaba del lado de los demonios? Porque una de las pocas cosas que tenía claras es que su madre es una diablesa, y que él es mestizo. Ambas ideas le producían nauseas. No podía evitarlo.
Si iba a liberar a Zenia, pondría a todos los ángeles en su contra.
"Pero, ¿qué más da?", pensó. "Ahora comprendo por qué nunca me aceptaron del todo, la gran mayoría saben que soy mestizo."
-¡Samuel!-gritó Keira dando un portazo al abrir la puerta.
El chico dio un bote del susto, y miró a su "amiga". Y sintió una especie de cariño hacia ella. Keira lo comprendía, era diferente a él, pero le comprendía. Se podía decir que eran amigos... ¿o no? Desde luego él no iba a preguntárselo.
-¡Yo no la soporto! ¿¡Quién se cree qué es?!-estaba muy exaltada.
-¿De quién hablas?-le preguntó mientras se frotaba los ojos como un niño pequeño.
-¿Quién va a ser? ¡La prepotente de Nathalie! "Deberías darnos las gracias porque os acompañemos, encima de que os pagamos los gastos... A cambio me pido al ángel, no veas que bueno está."-dijo imitando la aguda voz de la chica.
Samuel se había sonrojado. De repente miró a su amiga, y se quedó paralizado en el sitio.
-Esto...Keira...-comenzó.
-¿Qué?
-Tu...tu no...
Keira esperó cruzando los brazos delante del pecho, impaciente.
-No tienes cuernos.
Instintivamente la diablesa se llevó una mano a la parte de la frente donde debería estar su cuerno derecho.
-¿Ahora te das cuenta?-esquivó la pregunta.
-Yo creí que todos los demonios tenían cuernos...
-Pues yo no.
-¿No sabes por qué no tienes?
-Claro que lo sé.
-Pues dímelo.
-Son cosas de demonios.-se sonrojó.
-Como no me lo digas se lo pregunto a Nathalie.
-¿Te crees gracioso?-Samuel se rió.-Parece que sí... está bien, te lo contaré.
>>A algunos demonios lo cuernos les salen más tarde que a otros es como si...los demonios más poderosos nacen con cuernos, a otros les van creciendo más tarde, pero hay una edad límite.
-¿Y qué edad es esa?
-Los diez.
-¿¡Cuántos años tienes tienes tú!?
-Catorce.-dijo ella, algo avergonzada.
Hubo un silencio.
-¿Y es malo no tener cuernos?
-Es un poco vergonzoso, pero yo soy mucho más poderosa que muchos demonios que sí tienen cuernos. Ya lo superé.-se encogió de hombros.-Me voy a mi habitación.-dijo mientras se levantaba.
Cuando ya estaba en el marco de la puerta Samuel la llamó:
-Keira.-la aludida se volvió hacia él.-Yo creo que estás muy bien sin cuernos.
Keira simplemente le sonrió, pero por dentro se sintió muchísimo más feliz, incluso dio las gracias a Lucifer por no tener cuernos.

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