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4 sept. 2009

Capítulo 21

Se encontraban en la misma situación, en diferentes lugares, bajo un mismo cielo.

Por su parte, Keira se sentía acorralada. Odiaba a Samuel con todas sus fuerzas, pero no podía llegar a ningún sitio sin él, ¿a dónde habría ido? Todavía le quedaba la esperanza de que volviera, y cuando lo hiciera, lo iba a lamentar.
Era incréible la velocidad a la que iban sucediendo cosas, no hacía ni tres días que se había encontrado con Samuel. Las lágrimas que recorrían sus mejillas, no indicaban tristeza, si no impotencia.

Samuel comenzaba a ponerse nervioso. Las colinas que se extendían ante el parecían teñirse poco a poco de naranja, y parecía que la temperatura comenzaba a descender.
Jugueteaba con el talismán entre los dedos, mientras ponía la mente a trabajar. Había intentado llegar hasta Luminor, pero al talismán le era imposible transportarlo sin una imagen clara .
Además se sentía culpable por haber dejado a Keira allí sola, al fin y al cabo, ella lo había ayudado. Pero si volvía, era muy probable que ella le quitara el talismán...
Después de un rato pensando en los pros y los contras de lo que iba a hacer, se decidió.
Las colinas, y el hermoso atardecer se desvanecieron, para dar lugar a la oscura noche interminable de la Ciudad del Miedo. Al ver a Keira allí sentada, de espaldas a él, se sintió estúpido. Se había ido...para volver al rato.
Le pareció ver, que los hombros de la diablesa se convulsionaban junto a sus alas, y comprendió que estaba llorando.
-¿Tanto me echabas de menos?- le preguntó socarronamente.
Keira dio un bote del susto y se giró a la vez que se levantaba hábilmente, para llevarse una sorpresa al contemplar al ángel, que la miraba con una sonrisa burlona, se balanzeaba sobre los talones y tenía los brazos en la espalda, escondiendo el talismán.
Keira bajó el puñal que acababa de sacar de una sus botas, y lo miró, sin saber qué decir.
-No puedo-comentó al fin-No puedo entenderte, eres el...la persona más extraña que he conocido en toda mi vida.
-Yo soy así.-se encogió de hombros.
Entonces los labios de Keira se curvaron en una sonrisa parecida a la de Samuel:
-Has vuelto porque no sabías cómo encontrar a Luminor.
Las mejillas del ángel adquirieron un color rosáceo que le favorecía mucho.
-Está bien, está bien-siguió ella-Vamos a hacer una cosa. Si no queremos estar todo el rato traicionándonos a sangre fría solo podemos hacer una cosa.

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