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12 jul. 2010

5. Cambio radical


-¿Roberto? ¿Estás en casa?-obtuve como respuesta un ruido extraño, como un gruñido o, seguramente, como alguien que intenta hablar mientras come.
-Espero que eso sea un sí, y espero que lo que estés comiendo no sea mi comida.
Colgué mi abrigo en el perchero y entré en la cocina, donde mi hermano estaba engullendo un plato de macarrones que nuestra madre nos había preparado con antelación, ya que trabajaba. En la encimera vi un plato más pequeño que el de mi hermano de macarrones. Mis ojos se iluminaron y una gran sonrisa cruzó mi rostro.
-Te he dejado ahí unos pocos.-dijo Roberto cuando terminó de tragar.- Últimamente estás muy delgada y me quiero asegurar de que comas bien.
-Uy, gracias.-le respondí- Creo que es la primera vez que te preocupas por mí sin que haya ningún tipo de interés por medio.
-¿Me estás llamando interesado? ¿A mí? Bien sabes que yo todo lo hago por mi hermanita.- dijo poniendo cara de bueno que a mi me resultaba repelente, sobre todo porque no me gustaba, y él lo sabía, que me llamara “hermanita”.
Cogí mi plato y me senté con él en la pequeña mesa de la cocina.
-¿Qué tal el instituto?- me preguntó.
-Mmm, bien ¿Por?
-Ah, por nada. Sólo para que veas que me preocupo por ti.- Yo le saqué la lengua y él hizo lo mismo. Durante unos minutos comimos en silencio, cada uno centrado en su plato. Yo le miré y me di cuenta de que cada vez le salía más barba, aunque apenas se notaba. No me debía extrañar, era lo normal en su edad. Tiene dos años más que yo, es decir diecisiete a punto de cumplir dieciocho, a punto de obtener la libertad. Debo reconocer que eso me daba un poco de envidia, pero ya me llegaría a mí el día de cumplir los dieciocho. Creo que debería hacer algo para celebrarlo cuando ese día llegue, como irme de fiesta, hacer un viaje sola a Estados Unidos o hacerme una tarjeta de crédito e irme de compras ese mismo día.
-Recoges tú, que hoy te toca.-dijo mi hermano mientras que se levantaba de la silla y se subía sus gafas con el dedo. Mi respuesta fue un gruñido. Roberto salió de la cocina, pero antes me revolvió el pelo, solamente para enfadarme más. Me reprimí y no le dije ningún tipo de insulto, no tenía ánimo. Me notaba apagada, triste, y sospechaba que era por la tontería de Javi. Javi, Javi, Javi. Parece que mi mundo sólo se centraba en eso. Me obligué a olvidarlo al menos por un momento, había hecho una promesa a Paula. Recogí los platos de la mesa y los puse en el lavavajillas. Me fui a mi habitación, cerré la puerta y encendí la radio. Quería relajarme y olvidarme de todo. Más tarde haría los deberes. La canción que había en la radio se acabó y empezó She will be loved, de Maroon 5. Empecé a cantarla, ya que siempre me había gustado. Ella será amada decía la canción. “¿Y yo? ¿Seré amada?” me pregunté de repente. Me acerqué al espejo que tenía en mi habitación y al ver mi reflejo me odié. Ahora comprendía por qué nunca gustaba a nadie. Era corriente, del montón. Morena, de pelo y ojos oscuros. Quizás en Noruega triunfara, pero aquí, en España, desde luego que no. Mi piel tenía un color un poco tostado, pero nada exagerado. Mi pelo largo y algo ondulado caía sin gracia hasta la mitad de la espalda. Mis ojos eran grandes, había que decirlo, y mis pestañas eran largas. Pero ¿y mi nariz? Simplemente horrible. Es como si alguien me la hubiera plantado en medio de la cara sin preocuparse de si tenía sintonía con el resto de mi cara. Era grande, no enorme, pero se hacía notar. Y aunque su forma no era muy fea, no me gustaba. Mis labios: normales y corrientes, como el resto de mi ser. No era ni alta ni baja, ni gorda ni estaba en los huesos. Era total y aburridamente normal. Suspiré. “Debería hacerme algún cambio. Podría teñirme el pelo o darme mechas. O hacerme un piercing” Me miré de nuevo en el espejo. No me gustaban los piercings en la cara. Bueno, sí me gustaban pero sabía que en mi cara no quedarían bien. Pensé en hacérmelo en la oreja, pero como siempre llevo el pelo suelto no se vería, así que retiré esa idea de mi cabeza. Si me lo hacía en el ombligo no se vería la mayor parte del tiempo. Pasé a la idea de teñirme el pelo. No quería un color que destacara mucho. Si cogía el rubio destacaría mucho, si cogía el negro muy poco. ¿Y rojo? Podría darme algunas mechas de color rojizo. Aunque… antes tendría que consultarlo mi madre. Y más valía que me pusiera a estudiar matemáticas si quería que me dejara. Me agaché para coger mis libros de la mochila y mi largo pelo cayó por delante de los ojos. Me lo aparté con rabia y de repente se me ocurrió lo mejor que podía hacer. Cortarme el pelo. Siempre lo había llevado largo y desde hacía tres años llevaba el flequillo recto. Me puse, otra vez, delante del espejo, me aparté el flequillo de la cara y me recogí un poco el pelo, de modo que pareciera que llegaba a los hombros. “Mañana cuando salga con Paula al centro, efectuaré mi cambio” me dije.

2 alivios para mis lágrimas:

natt♥ dijo...

Ow, adiós flequillo(?) :(
Yo también llevo flequillo recto, pero desde hace 1 año mas o menos xd
Como se lo cortará? Espero que no muy corto u.ú
Pd: no se porque no estan funcionando mis comentarios para algunas personas, he intentado arreglarlo. Ojalá y ahora funcione.

Murush..! dijo...

uuu un cambio de look
seria interesante
cuidate mucho
bye