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24 ene. 2010

Capítulo 38

En ese momento, Nathalie entraba pore la puerta de la cárcel. Con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. Se sentía tan culpable. Y se sentía culpable porque lo era, lo que la hacía sentirse aún peor. Un demonio muy viejo estaba tras una ventanilla de cristal, dormitando. Sacó un fajo de billetes del boslo y se lo puso sobre la mesa, dando tal golpe, que el anciano se despertó sobresaltado.
-El ángel es libre.-dijo, no hacía falta concretar nombres, pues el único ángel que tenían preso era Samuel.
-Lo siento mucho señorita, pero no puede pagar la fianza. De hecho, no hay fianza posible. No puede salir de aquí.
-No estoy pagando la fianza, le estoy sobornanado.-le explicó con total seguirdad.
Al demonio le brillaron los ojos. Estuvo a punto de coger los billetes, pero dudó.
-Sabrán que he sido yo.
-¿Quién más trabaja aquí con usted?
-Marley, le toca dentro de dos horas.
-Bien, pues Marley está muerto, todos pensarán que ha sido culpa suya.
-¿Cómo...?
-Porque el ángel saldrá de aquí dentro de tres horas. Solo tiene que abrir la celda.
El demonio miró a la guapa chica con desconfianza.
-Trato hecho.-fue a coger los billetes de una vez por todas, pero ella le detuvo.
-Ah, debe el talismán.
-¿Cómo demonios sabes que yo tengo el talismán?
-Usted démelo.
Le tendió el talismán entornando los ojos.
-Gracias.-Le dijo, sonriendo ampliamente, y se dirigió al interior.
El demonio fue a detenerla, pero supo que sería inútil.
Los tacones de aguja de Nathalie resonaban en el largo pasillo.Miraba las celdas con curiosidad. Le pareció ver una figura que se acercaba en el fondo del largo pasillo.
"Madre mía..." pensó cuando vió la figura que se le acercaba. Era guapísimo y tenía lo cuernos más hermosos que había visto nunca. Sus ojos amarillos eran pequeños, pero increíblemente atractivos.
-¿Nos hemos visto antes?-se dirigió a ella, sonriendo.
Sintió que se ruborizaba.
-Quizás.
-¿Puedo ayudarla en algo?-le preguntó, haciendo una especie de reverencia.
Tenía algo extraño en los ojos, en su brillo. Eran la viva imagen del mal. Ira, rencor, maldad, envidia, celos y odio mal disimulados brotaban de ellos, pero Nathalie no los reconoció.
-Eres muy amable, pero no gracias.
-¿Qué hace alguien como tú en un lugar como este?
-Buscar a alguien.
-Mmmm, interesante. Resulta que tengo conocimiento de todos los presos de estas celdas. Quizá si que pueda seros de ayuda.
Le gustaba la forma tan peculiar que tenía de hablar.
-Si insiste usted.-cedió, dedicándole la mejor de sus sonrisas.
-¿Quién es el afortunado a quien nuestra encantadora musa busca?
-No creo que sea difícil encontrarle. Es un ángel.-(no quería entrar en detalles).
-Al fondo a la derecha, tú misma.-concluyó, y se fue.
"Pedazo de idiota. Estaba siendo tan amable y de pronto..."-indignada, siguió las indicaciones del demonio y entró en la celda, encontrándose a alquien inesperado.
-¡Tú!-gritaron las chicas al mismo tiempo.
-¿Qué estás haciendo aquí?
-¡Sacar a Samuel de la cárcel! He sobornado al vigilante. Por lo menos, yo coopero. Ah, por cierto, tu no puedes irte.
-Ya han pagado mi fianza, guapa. Además, lo único que has hecho sobornando a ese hombre es condenarlo a muerte, y no estás "cooperando", si no intentando solucionar lo que tú misma has provocado.
Nathalie se quedó sin habla, se limitó a lanzarle el talismán a Keira. Ella no dijo nada.
-¿Sabes? He conocido al más idiota de los demonios, parecía que estaba ligando conmigo, y al oír hablar de un ángel, se ha vuelto un estúpido...
Con solo empezar a describirlo, Keira estaba segura de saber a quién se refería.
-Cosmo...-susurró para sí, pero demasiado alto.
-¿Qué has dicho? ¿Lo conoces?
Keira entornó los ojos. Sabía perfectamente que negar algo no servía para nada. Si había sucedido, había sucedido, uno debía enfrentarse a todas sus decisiones, incluso a las erróneas.
-Sí, se llama Cosmo y era mi...-aún así, no tenía ganas de aceptarlo.-compañero de trabajo, pero no hablábamos mucho, es un estúpido como tu ya has dicho.- se preguntó si realmente había estado ligando con la musa.
-Parece mentira que haya algo en lo que realmente estemos de acuerdo. ¿Has dicho que han pagado tu fianza?
-Si, mi... una amiga mía.
Nathalie asintió distraídamente.
-Bueno vámonos.-dijo de repente Nathalie.
Keira pensó en Cosmo... sería mejor para él que ella se fuera, así le quedaba claro que ella no pensaba en él.
-Vamos.-confirmó. Estrechó a Samuel contra sí y, junto a Nathalie, apretó el talismán.


Cosmo no había ido a buscar un médico, y tampoco pensaba volver a la prisión. Amaba a Keira, pero sabía que ella no le correspondía. ¿Qué podía haber visto Keira en ese estúpido mestizo? No iba a saberlo nunca. Entonces calló en la cuenta de que estaba renunciando. ÉL uno de los más poderosos demonios. Se acababa de convertir en una cuestión de honor. ¿Iba a permitir que un asqueroso mestizo pisoteara su reputación? La respuesta la conocemos todos.

2 alivios para mis lágrimas:

yerea dijo...

Ay, me encanta vuestra historia ^^ He visto el comentario en eslamoda y me he leído la historia entera. Estoy impaciente por ver cómo sigue =)Ánimo, escribís muy bien.

Rebecca dijo...

Gracias ^^