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25 ago. 2009

Capítulo 16

A pesar de que todo estaba sucio, se veía la riqueza que había habido en aquel lugar. El interior era grandísimo, lleno de muebles antiguos de mucho valor. Una gran escalera de mármol conducía al segundo piso, al que se disponía a subir. A Samuel le pareció muy extraño que un sitio así lo hubieran abandonado los demonios. Había demasiadas riquezas.
Cuando terminó de subir las largas escaleras descubrió varias puertas de madera clara. Se acercó a una de ellas y giró el picaporte. No se podía abrir, estaba atrancada. Se decidía a abrir la siguiente cuando se acordó que lo esencial era coger el talismán, cuando lo tuviera se dedicaría a investigar el palacio. Un poco más allá de la segunda puerta estaba otra escalera de mármol casi igual de grande que la anterior. Al subir al tercer piso vio que había menos puertas. Exactamente cuatro. No sabía en cual de ellas estaría, por lo que se acercó a la más grande y bonita. Un objeto como el talismán no estaría tirado por cualquier rincón. Giró varias veces el picaporte, pero no se abría. Decidió mirar en las otras tres habitaciones antes de volver a intentar abrir aquella. Las dos siguientes estaban prácticamente vacías, salvo por un par de camas y de cortinas raídas. Miró debajo de las camas, en los rincones y tras las cortinas. Pensó en levantar las tablas del suelo, pero recordó que Keira le había dicho que estaba a la vista.
Se dirigió a la última puerta, que era la más pequeña y deteriorada. La abrió y descubrió que su interior era similar. Era estrecha y más sucia que las demás, y no tenía muebles salvo por un pequeño escritorio en el que había una pequeña y alargada caja de color marrón. La cogió y la destapó, y descubrió que allí estaba el talismán. Era un colgante de plata con una piedra aguamarina en el centro y una más pequeña en la punta. Era realmente precioso. Lo volvió a meter en la caja y se lo guardó. Miró a su alrededor y descubrió una pequeña ventana. Se asomó y vio que daba a un patio trasero, donde estaba la otra puerta. El patio estaba lleno de árboles y plantas que ahora crecían salvajemente, pero que antes habrían tenido su encanto a pesar de estar en el infierno. Iba a retirarse de la ventana cuando descubrió una silueta entre las plantas. Podía ser Keira, pero dijo que lo esperaría en la posada. Ahora que lo pensaba, había sido muy fácil conseguir el talismán. Demasiado fácil. El talismán, aunque su existencia era poco conocida, era propiedad de Kelthanz, por lo que habría puesto guardias. Miró otra vez a la silueta y vio que vestía como la guardia. Había caído en una trampa. Bajó rápidamente las dos escaleras intentando hacer el mínimo ruido posible para no alertar al guardia del patio, que seguramente estaría esperando que saliera por la puerta trasera. Abrió lentamente la puerta principal y no avistó a nadie. Salió con confianza, pero esta se esfumó enseguida. Samuel estaba rodeado de, al menos diez guardias.

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