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20 mar. 2010

Capítulo 39

Samuel despertó sudando. Veía borroso, como si una nube de humo le nublara la vista, pero era consciente de que otras personas le acompañaban. Alguien lo incorporó a la fuerza, lo que provocó que se mareara. Le quitaron la camisa dejándole el torso desnudo. Y le tiraron un cubo de agua.
-¡¡Eh!!- se quejó. Se frotó los ojos y sacudió la cabeza.
-¡Hombre eso está mucho mejor!-dijo una voz que le resultó muy familiar.
Al abrir los ojos la nube había desaparecido y consiguió averiguar quién había hablado y dónde se encontraba.
-Estela...-articuló mientras la contemplaba.
Ella era alta, además llevaba unos tacones de aguja. Vestía igual que una mujer joven actual. Su largo cabello pelirrojo le llegaba hasta la cintura y sus ojos verdes se mostraban decepcionados. Y habría pasado por una mortal muy guapa si no fuera por las dos hermosas y prominentes alas emplumadas que se alzaban orgullosas a su espalda. Samuel no pudo evitar girarse levemente a mirar su espalda. Sus alas se habían vuelto visibles y tenían un aspecto horrible (además de que eran algo más pequeñas de lo normal), se encontraban algo sucias del calabozo. Movió una de ellas inconscientemente, como hacía siempre que estaba nervioso.
-¿Es lo único que vas a decir? Acabo de salvarte la vida.
-Pues entonces gracias.
Ella entornó los ojos.
-Veo que no has cambiado nada.
-¿Esperabas que cambiara mucho en tan poco tiempo?
-¿Con estas nuevas compañías? La verdad es que sí.-contempló con mala cara a Keira y Nathalie, a las cuales Samuel no había visto antes.- Mejor no quiero saber cómo llegaste a tomarte el excitante.
-¿Qué excitante?-se extrañó el chico.
-Anda, vete a darte una ducha.
Estaban en casa de Estela, donde Samuel había vivido desde que era pequeño, lo que le extrañó bastante.
-¿Nadie sabe que estamos aquí?
-No.-contestó ella, secamente.
-¿Y cómo te las has apañado para...?
-¿No te he dicho que te duches?
Él la atravesó con la mirada, suspiró, sacudió de nuevo la cabeza, se levantó y (finalmente) se fue a ducharse.
La mujer se giró hacia las chicas. Que miraban al chico con cara de tontas.
"No me lo puedo creer", pensó Estela. "¡Una diablesa y una musa!"
-Sentaos.-le dijo, señalando el sofá que había junto a la cama (donde había estado Samuel), ocultando su asombro al saber que ambas estaban enamoradas de Samuel.-¿Cuál de las dos fue tan estúpida cómo para darle un excitante para demonios?
-¡No fui estúpida! ¡Es mestizo, por tanto pensé que...!-comenzó a defenderse Nathalie, pero Estela la cortó.
-No me importa lo que pensaras y mucho menos lo que pensaras hacer (la chica se puso como un tomate), solo quiero que ambas os alejéis de él.
Esto pilló a las chicas desprevenidas.
-¿Disculpa?-dijo Nathalie.
-Teníamos un trato.-intervino Keira.
-¿Y qué clase de trato?
-Estábamos buscando a la madre de Samuel.
Estela no se dejó soprender, ya se lo esperaba.
-¿Y qué tenéis que ver vosotras dos en todo esto?
Keira no se había parado a pensarlo. ¿Qué hacía ella metida en este embrollo? ¿Qué tenía que ver ella con Samuel?
-Mis hermanas y yo estábamos intentando detectarla.-respondió Nathalie rápidamente.
-Ya, y una de ellas nos traicionó.-sentenció Keira.
-Bueno, por lo menos nosotras hacíamos algo.
-¿A parte de incordiar?
-Perdona guapa, todas sabemos que tu solo estás aquí por Samuel.
-¡¿Qué?! Si hay alguien que está aquí por Samuel eres tú, ¡tu misma fuiste quien le hechó el excitante para...!
-Mira guapa, a mi no me vengas con trapos sucios.
-¿Trapos sucios? ¡Pero si eso fue ayer!
-Exacto, agua pasada.
-¿Y qué crees que dirá él cuando sepa que le echaste excitante en la bebida?
-Lo entenderá.
-¿¡Cómo que lo entenderá!?
-Claro, está enamorado de mí, lo entenderá.
-¡¡Él no está enamorado de tí!!
-Y si sabes que es así, ¿por qué te sulfuras?
-¡¡Yo no me sulfuro!!
-No, claro que no. ¿Sabes? De quien seguro que no está enamorado es de un marimacho como tú.
-¡¡Eh!! Ya está bien, ¿no? Parecéis crías.-las cortó finalmente Estela.-Yo solo he preguntado que por qué la diablesa estaba con Samuel.
-Porque es mi amiga.-intervino Samuel. Estaba apoyado en el marco de la puerta, en una postura despreocupada y se secaba su largo cabello rubio con una toalla. Se había puesto unos vaqueros oscuros y una camisa blanca que resaltaba sus enormes ojos azules. Y miraba a unas y después a otras.
Entonces Estela comprendió qué era lo que aquellas dos chicas tan diferentes veían en él.
Keira tragó saliva, se le había acelerado el corazón. Se dio cuenta de que estaba de pie y se sentó, preguntándose cúanto tiempo llevaba él escuchando la conversación. Keira llevaba aún el vestido y los tacones (a los que les había quitado el tacón convirtiéndolos en sandalias planas) y los caracoles negros aún se mantenían intactos.
-¿Cúando nos vamos?-preguntó Samuel, mirando a Estela a los ojos aunque la pregunta no estaba dirigida a ella en absoluto.
-Cuando te parezca.-contestó Keira, trantado de aparentar indiferencia.
Estela y Samuel seguían mirándose fijamente a los ojos, como si se estuvieran comunicando. Entonces una sonrisa divertida cruzó los labios del chico, lo que provocó que dos corazones dieran un vuelco.
-¿Me estás retando?-se rió Estela.
-Por supuesto.
-¿Y a dónde crees que vas?
-A encontrar respuestas.
-Se te ve muy seguro de ti mismo.
-Lo estoy. Ella puede responder a mis preguntas.
-Entonces, no te detendré.
-No necesito que lo prometas.
-¿Ah no?
-No, sé que estás mintiendo.
Ella volvió a reír, se levantó y lo abrazó.
-Te doy un día de ventaja.
-Me sobro con dos horas.
-No seas fantasma y vete ya.-fue lo último que dijo Estela, en forma de despedida.
-Vamos.-les dijo el ángel a las otras dos.
Nathalie sacó el talismán de su bolsillo y se lo ofreció a Samuel, quien lo rozó con las yemas de sus dedos mientras asía la mano de Keira con la otra mano. Y los tres abandonaron la casa, la Ciudad del Cielo y a Estela.
El ángel (es decir Estela, solo que él término ángel es tanto femenino como masculino en este caso) había cuidado a Samuel desde que era pequeño. Lo quería como si fuera su hijo. Efectivamente habían estado "comunicándose" con la mirada. Y él, como tantas otras veces, había vuelto a salirse con la suya. No le había dicho a dónde iba, pues era una especie de juego del escondite. Tenía que encontrarle y vencerle si quería que volviera a casa. Pero Estela no estaba preocupada, les había encontrado una vez, podría hacerlo dos. ¿Cómo les había encontrado? La noticia de que habían encarcelado a un ángel había "volado" e incluso llegado a la Ciudad del Cielo en menos que canta un gallo. Se dirigía hacia la prisión sobrevolando la Ciudad del Miedo cuando los vio aparecerse en el bosque de las afueras. No habían luchado, pues las chicas no sabían qué hacer con Samuel y ellas les había ofrecido protección y les había dicho que sabía curarle. Ojalá fuera tan fácil la próxima vez.
Lo que más la sorprendía era la facilidad que tenía Samuel para salir y entrar de su vida y, además, con tanto morro.
Se dirigió a la habitación de Samuel y se sentó en su cama, algo mareada. Pensó que quizás siempre lo había tenido demasiado mimado y mientras jugueteaba con una de sus puntas de su largo cabello pelirrojo dubitó sobre el hecho de si Samuel estaba enamorado o no. Quedaba claro que sentía algo por la diablesa, pero los ángeles no sienten igual que las personas, de hecho muchas veces no distinguen entre unas emociones y otras. Se preguntó qué ocurriría cuando comprendiera que estaba enamorado. Se sintió algo celosa.

1 alivios para mis lágrimas:

Anónimo dijo...

tu historia es genial!
es muy original... sigue escribiendo porfavoooor!!